Claro recibe premio junto a Lagos. Es octubre de 2002. Un mes antes lo llamó a terminar la fiesta de los irresponsables. FOTOPRESIDENCIA

Claro recibe premio junto a Lagos. Es octubre de 2002. Un mes antes lo llamó a terminar la fiesta de los irresponsables. FOTOPRESIDENCIA

Siempre me ha costado entender las relaciones entre los poderosos.  Hace días que quería escribir sobre esto, pero El Mercurio se me adelantó un poco hoy, al publicar una nota sobre Ricardo Lagos y Ricardo Claro.

En realidad la idea me da vueltas desde un par de semanas antes de la muerte del empresario, cuando el mismo diario publicó una larga entrevista en que Claro reconocía que con Lagos habían tenido una relación de altibajos, pero hablaba del ex presidente mejor que muchos en la Concertación: “Ricardo ha sido atacado fuertemente por una serie de asuntos que se gestaron y se desarrollaron durante su Gobierno. Creo que es un hombre honesto, pero le han dado duro. Lagos es el único político en Chile con visión internacional, y está muy al día. No encuentro ningún otro en la derecha ni en la DC. También entiendo que él no tenga el agrado que tiene un político de presentarse a una reelección, si le dan así”.

Al leer sus dichos, eché de menos que ahondaran más en el tema, pues durante el gobierno de Lagos, Claro fue uno de los empresarios que le dio más duro. Todavía me acuerdo cuando en septiembre del 2002, en un foro de Icare, el empresario sembró una campaña del terror bastante injustificada. Argentina había vivido recién su peor crisis y Claro aseguró que conocía personas que querían retirar sus ahorros de Chile porque temían que en el país también hubiera un corralito que impidiera el retiro de los capitales privados.  Aunque dijo que él no creía que sucediera, advirtió que “si la irresponsabilidad sigue aumentando tarde o temprano podemos llegar a situaciones graves”.  Y llamó Lagos a poner fin a la “fiesta de los irresponsables”

La respuesta no tardó en llegar: “Algunos confunden sus propias agendas, que son las expresiones de sus intereses corporativos muy respetables, con los intereses del país. Yo no gobierno para un sector por mucho que ese sector quiera decir cuál es la pauta que yo debo seguir como Presidente”.

Tras la muerte del empresario naviero, el ex presidente sólo tuvo palabras de elegio. Hoy El Mercurio nos cuenta que en realidad  Ricardo y Ricardo olvidaron rápido el round. En marzo de 2003, Lagos le habría pedido a Claro que hiciera lobby ante editores de medios estadounidenses en favor del TLC  y éste lo habría hecho en medios tan influyentes como el Wall Street Journal.  ¿Quién los entiende? Es por episodios como esos en que dan ganas de conocer la trastienda del poder y cómo al final los intereses liman cualquier aspereza.

El Mercurio había vivido su propio episodio con Claro, cuando un ránking de la revista El Sábado lo situó en septiembre de 2001 como el chileno más temido. Se dice que la publicación le costó un duro round al diario, que lo había descrito así:  “Capaz de enfrentarse a la autoridad de turno, de juzgar el comportamiento de la sociedad y de aparecer sorpresivamente en su propio canal de televisión para denunciar lo que en su tiempo se llamó el “Piñeragate”, Ricardo Claro se ha creado una imagen de fiscalizador, que está por sobre el bien y el mal. Se dice que es uno de los chilenos mejor informados, pero nadie sabe a ciencia cierta hasta dónde llega su caudal, lo que de por sí genera temor y ha servido para que se creen variados mitos. El más audaz, que habría sido agente de la CIA, cosa que él ha desmentido, reconociendo sí que fue amigo de dos ex directores de la agencia de inteligencia norteamericana cuando habían dejado sus cargos”.