Nunca había comprado una entrada con tanta anticipación y desespero como lo hice con el recital de Madonna. Es mañana y casi lo olvido. Ojalá que esté la altura, porque no es que sea una fanática, simplemente es un concierto imperdible. O eso dicen. Ya veremos.

Ahora que se acaba este negro 2008 y se supone que hay que hacer balances y todo eso, mejor verle el lado amable a un año maldito y pensar en todos los buenos recitales a los que tuve la suerte de asistir.

Enero partió con Goran Bregovic, toda una sorpresa. Fui porque era gratis y porque era el responsable de parte del soundtrack de Emir Kusturica. La banda resultó increíble y él un gran showman que apenas se paró de su asiento y soltó el vaso de vodka. Además, fue un gran descubrimiento la locación, el Parque Araucano, y no sé por qué no lo usan más seguido. Cuando Kusturica vino en septiembre con su Non Smoking Orchestra, quedó corto al lado de Bregovic.

Kevin Johansen estuvo dentro de lo mejor de la temporada. El teatro Oriente resultó un sitio acogedor y cálido, ideal para un concierto muy íntimo. Sonó bien, fue carismático y me deslumbró con su voz sexy. Como si fuera poco, guapísimo. Qué lindo que es soñar:

Ya se me habían pasado demasiados músicos brasileños en años anteriores, así es que este 2008 me propuse escucharlos a todos. Partí con la gran Maria Bethania, quien compartió el escenario con la cubana Omara Portuondo, un músico de clásicos binacional.

En octubre se me juntaron Gal Costa y Toquinho. Ella, simplemente increíble, de erizar los pelos. No sé cómo logró llenar un Caupolicán medio vacío y hacer que cuatro pelagatos cantaran como un estadio lleno. El contraste fue un poco fuerte con Toquinho, quien tuvo mejor asistencia pero ya tiene poca voz. Su vistuosismo con la guitarra y el repertorio de clásicos de Brasil lo salvaron.

REM era uno de esos grupos que he esperado por años y pese a las altas expectativas, no me desilucionó. El show fue impecable, Michael Stipe un ídolo y salí con ganas de que no se acabara.

También fue mi primer concierto de Julieta Venegas. Pese a que forma parte de mi soundtrack personal desde hace años, nunca encontraba compañía para ir a verla. Ahora me di cuenta de que gran parte de su público tiene un tercio de mi edad y asiste acompañado de sus padres, pero igual hay bastantes mayorcitos, así es que no alcanza para que uno se sienta desubicado.

En vivo suena igual y mejor que en los CD, con una orquesta que le dio el toque unplugged de su disco grabado para MTV. El único punto negro fue el local: deberían prohibir definitivamente a Espacio Riesco para recitales en vivo. ¡Si hasta prohibían que la gente se parara sus sillas! Y eso que apenas se veía el escenario.

La canción anterior, Ilusión, es parte del último disco de Julieta Venegas. En Santiago le faltó la maravillosa compañía de Marisa Monte, que queda entre mis pendientes para el próximo año. A la lista sumaré a Chico Buarque, a Maria Rita y a The Cure (¿o habrá que esperar un año más?). Por lo menos ya tengo mis tickets para Radiohead.