javier_mariasÉso es lo que Javier Marías no viene a decir, según titula su columna de hoy en El País. Pero lo dice y para peor, tira el anzuelo y pone este título que usted ve aquí arriba como muestra de que no lo entenderán y usarán ese título para mal interpretarlo. Cómo no darle en el gusto a Marías.

En un post anterior escribí sobre el día en que Javier Marías descubrió (y odió) internet. Muchos “blogueros” (odio esa categoría, lo siento, pero no conozco un denominación mejor) hicieron lo mismo, burlándose un poco de lo retrógrado del escritor español. Como él es de reflejo lento y escribe con dos semanas de anticipación -no sé si porque tarda mucho en teclear, o como el mismo dice escribe varios borradores, o tal vez porque la vieja y querida imprenta así se lo exige-, parece responder recién hoy, aunque lateralmente.

“Yo no sé durante cuánto más tiempo tendrá sentido que escribamos artículos los que los hacemos, pero me temo que es un género al que le queda poca vida. Tal vez desaparezca sólo a la vez que los periódicos, al menos los de papel impreso, pero también es posible que le llegue antes su hora, dado el número creciente de lectores que no sabe entenderlos o -lo que es aún más deprimente- no está dispuesto a entenderlos, no le da la gana de hacerlo”, dice hoy, dándome un poco la razón. No quiero decir que haya leído lo que yo escribí, pero mucho postearon cosas parecidas, así es que tiendo a interpretarlo como reacción.

O a lo mejor tengo problemas de comprensión de lectura, porque no sé latín o las matemáticas no se me dan, que tampoco es tan cierto, pero en fin, son las categorías relevantes para Javier Marías. Porque lo que él dice hoy es que o sus lectores se niegan a entenderlo o caen en el saco de aquellos que según la prueba Pisa no comprenden un texto breve. Si supiera que en mi país el test demostró que los niños no saben ni seguir las instrucciones de una caja para preparar leche, diría seguro que soy una iletrada. Qué le vamos a hacer, cada uno con su realidad y sus prejuicios. Pero que no me salga ahora con que el tema es la calidad de la educación.

Vuelvo a insistir en que soy admiradora de sus libros, pero no sé si sus columnas sobre la liga española requieran de gran preparación intelectual. Sí quizás seguir las secciones deportivas hispanas -cosa que no hago, por supuesto-, pero no mucho más.

Lo que Marías confirma en su columna de hoy al ningunear a sus lectores –hacen caso omiso de las salvedades, las matizaciones, las argumentaciones y los razonamientos, para resumir: “Ya, lo que viene a decir este tío es que no hay que tener ordenador ni usar e-mail”– es el aterrizaje del intelectual. Aquel acostumbrado a recibir el honoris causa, a ser entrevistada por la BBC y lucir su acento very british, a rodearse de paredes de libros, de pares, de escritores que replican con semanas de retraso a sus criticas y de notables que se sienten halagados por entrar a la noble e irónica isla de Redonda. Pero hay algo más allá. Hay vida. Hay gente que piensa, opina, disiente. Y no voy a defender a los amargados que se pasan la vida insultando a otros en la web. Pero sí exigir un poco de respeto por el ciudadano común que cada domingo abre el diario o prende su “ordenador” para leer. Y después opinar, aunque sea algo simplón, qué más da. Algo a lo que el señor Marías no está habituado, se nota.

Volviendo al tema de la columna anterior, le concedo a Marías que el mundo de los comentarios de los blogs es excesivo, impersonal, agresivo y algo enfermo, como lo graficó ayer Roberto Méndez en la revista de El Sábado. Pero algo distinto es esperar ser provocador o polemista y no causar reacciones. Cualquier reacción, aunque no sea la esperada.

Marías suele escribir de fútbol, ¿de verdad supone que los hinchas no reaccionarán en caliente? Irreal. Recuerdo otra vez que cuestionó en una muy buena columna una fiesta costumbrista o procesión que pasaba bajo su ventana. Suerte que no lo lincharon los ortodoxos, pero lo normal hubiera sido que al menos lo criticaran.

Me dice un amigo que estoy leyendo mal. Que lo que Marías defiende es la privacidad. Pero yo no estoy de acuerdo. Una vez que disparas públicamente contra algo, tienes que estar dispuesto a que te disparen de vuelta. Hoy el escenario es internet, es democrático y no invade la verdadera privacidad. ¿Faltan filtros? Probablemente. Pero la de Marías es la reacción de alguien que no se había topado con quienes lo leen y al parecer olvidó que la lectura no es necesariamente lineal ni aséptica.