escondidaSiempre me ha hecho ruido la moda de la responsabilidad social empresarial. No es que sea algo malo en sí, pero me molesta la actitud de algunas empresas que invierten millones en equipar escuelas, construir mediaguas o lo que sea, y luego lo usan para tener publicidad y encumbrarse en los ránkings de RSE. Más de una vez me ha tocado reportear las condiciones laborales de esas empresas y no siempre son coherentes con esa actitud tan buena onda. Es ahí cuando me da rabia, porque en vez de invertir en pagar buenos salarios, que debería ser su primera responsabilidad social empresarial, prefieren gastar la plata en cosas que son parte del marketing.

Digo todo esto porque el miércoles fui al recital Salif Keita al Parque Araucano, una de las tantas actividades gratuitas del festival Santiago a Mil. Antes de que empezara el concierto soltaron pelotas naranjas que llevaban el logo de Minera Escondida, para que la gente se las lanzara y jugara durante la espera.

Ese mismo día, la matriz de Escondida, BHP Billiton, había anunciado 6 mil despidos, 2 mil de los cuales se harían en Chile. Los ejecutivos salieron luego a aclarar que los recortes se habían realizado en octubre pasado, afectando mayoritariamente a trabajadores de empresas contratistas.

No tengo nada contra Escondida. De hecho, de todas las actividades financiadas por empresas privadas tengo especial predilección por aquellas en que participa esa minera, como Santiago a Mil o Santiago en 100 palabras, pero lo de los despidos me incomoda. ¿Por qué la empresa prefiere invertir en cosas ajenas a su labor principal en vez de evitar el duro impacto que tendrá el recorte en esas 2000 familias?

Probablemente un economista me dirá que una cosa no tiene que ver con la otra y quizás los montos no calcen, pero me parece más responsable haberse ahorrado algunos de esos despidos. Por eso disfruté el recital de Salif Keita, pero no pude dejar de sentir incómoda por ser parte de eso.