El Festival de Viña está en todos lados por estos días. Aunque uno lo odie, es imposible pasar de él. Está en el zapping por cada canal, en las noticias, en las copuchas del día siguiente y en casi todos los televisores de Chile en las últimas noches de febrero. Es como un placer culpable. Porque pueden traer a los mejores artistas, pero siempre tiene algo de patético de fondo. El impostado glamour de los animadores, el minuto de fama de unos cuantos, una competencia que es puras pifias, junto a forzadas antorchas y gaviotas, son parte inseparable de esta tradición que seguimos hace ¡50 años!

Leonardo Farkas superó los límites este año, en el escenario y en todo lo que rodea el mundillo festivalero. Supongo que todos lo vieron, así es que para qué insistir. Pero lo peor no fue él, sino la reacción de los periodistas que cubrieron el evento. Durante la transmisión en vivo de su conferencia de prensa en que explicaba cómo cobrar los sandwichs que regaló a toda la Quinta Vergara, los colegas le empezaron a reclamar porque ellos no tenían entradas para canjear un emparedado en el Lomitón. Como él da lo que le pidan, inmediatamente dijo que los repartirían también a quienes tenían credencial de prensa. Corte de la transmisión.

Hoy, en una columna en La Tercera (lamentablemente inlinkeable, como casi todo lo que publica ese diario), Marialí Bofill cuenta lo que pasó después: no contentos con mendigar un sandwich, los colegas exigieron un carrete para los abnegados periodistas. ¡Y Farkas les pasó dos cheques por un total de $10 millones! “Para armar la fiesta con bar abierto, cotillón y bebidas energéticas”, dice la columna. Agrega que los cheques incluso fueron exhibidos en la televisión por los organizadores de la fiesta (no dice quiénes son).

No hay detalles de lo que pasó en el evento auspiciado por Farkas. Marialí Bofill es una experimentada editora de espectáculos que conoce a los colegas del rubro, así es que supongo que tiene la certeza de que el dinero fue aceptado y utilizado. “La performance de parte de la prensa es, derechamente, inaceptable. El miércoles lo reporteros abrieron la peor puerta. La que acerca las distancias y confunde los roles”, escribe acertadamente Marialí.

La frontera entre los periodistas y las fuentes es una línea compleja de definir. En Chile los medios no tienen establecidas normas claras para aceptar regalos o invitaciones a cubrir eventos o viajes, lo que muchas veces a uno lo deja en una posición incómoda y no siempre fácil de resolver. Pero lo que pasó en Viña superó todo los los límites. Y no fue culpa de Farkas.