el sabadoHace un buen rato que tengo tirado este blog por falta de tiempo. Esta semana estuve a punto de retomarlo varias veces, pero no encontré el minuto.

Primero fue la foto de la prensa chilena con Obama, o más que la foto misma, el pudor que me dio el making off y la forma en que los medios extranjeros leyeron el asunto. Ahora llego tarde y no vale la pena. Se ha escrito bastante y pueden encontrar distintas miradas aquí, aquí y aquí.

Días más tarde quedé sorprendida por la reacción de La Nación ante las críticas del Consejo de la Transparencia por la no publicación de la dieta del directorio del diario. Claaaro, estaba en la página 37 de la memoria. Me pregunto por qué nadie lo había visto. Pero lo más patético vino con la editorial del viernes pasado, que les dejo acá para que se formen su propia opinión y un post al respecto, pues también llego tarde.

Pero lo que finalmente me hizo retomar el blog fue la jibarización de la prensa de fin de semana. Hace meses ya que el montón de diarios que recojo en mi puerta para leer junto al desayuno viene decreciendo. Al principio no le tomé el peso y lo miré por el lado amable: la crisis pasaría pronto y por ahora requería menos tiempo para leer la prensa dominical. Con el pasar de los meses la cosa me empezó a preocupar. Hasta que el sábado pasado El Mercurio venía sin la revista El Sábado. Pensé que el diarero se había equivocado y la leí en internet sin drama. Pero ayer el asunto se repitió y bajé a decirle al suplementero que era como mucho dejarme sin revista dos semanas seguidas.

Ahí vino la mala noticia: “Si esa revista ya no sale más, es sólo para suscriptores”, me aseguró mi fiel diarero. No sabía si creerle o no. Más bien no quería hacerlo. Pero lo peor fue esta mañana: no venía la revista del Domingo. No podía ser. Bajé nuevamente el diarero insistió con sus malas nuevas: “Si tampoco sale. ¡Y esa revista tiene más de 40 años de historia!”, me dijo, empatizando con mi cara de escándalo. Ante mi desazón, se apiadó y fue a buscar un ejemplar que tenía guardado. Abajo de leía clarito: “Este ejemplar es gratuito y circula solo para los suscriptores de El Mercurio. Prohibida su venta”.

Maldición. Cuando La Tercera eliminó su revista de viajes y la pasó al diario me pareció una mala señal, pero no una gran pérdida. Pero la desaparición de las dos revistas de fin de semana de El Mercurio es mucho peor que eso. Ambas han tenido periodos de altos y bajos, pero son un aporte dentro de la monotonía de la prensa local. Sólo espero que sea temporal y no el comienzo del fin del diario en papel, como han anunciado los agoreros.