Me acabo de dar cuenta de que hace pocos días sobrepasé los 10.000 twitts. Calculen cuánto tiempo he perdido en Twitter durante el último año. He perdido y he ganado, pero el que más ha perdido es este blog, que está tirado desde noviembre.

Cuando empecé a escribir El Post, lo hice como parte de una tarea para un curso de herramientas digitales para periodismo dictado por la Fundación Knight. Fue hace menos de dos años y no recuerdo que Twitter haya sido mencionado como una herramienta relevante, o al menos no se le dio demasiada importancia. Hoy es imprescindible. Lo dijo mejor de lo que yo podría el director de The Guardian, Alan Rusbridger.

Se ha escrito mucho sobre Twitter y el periodismo, así es que no latearé con las divagaciones académicas sobre el punto. Yo descubrí su funcionalidad más básica manejando la cuenta de CIPER. Rápidamente se convirtió en una fuente importante de visitas (ya tiene más de 14 mil seguidores, que se multiplican con los re-twitts) y de feedback con los lectores, que felicitan, critican, agradecen y nos hacen ver los errores que se nos pasan.

Cuando abrí mi propio Twitter, bajo el original nick de @skoknic, me di cuenta de que es tan distinto como la correspondencia que recibes en tu casilla de correos personal de la que recibes en la del trabajo. Tú elijes a quien sigues, gente con la que tengas alguna afinidad, y se transforma en un seleccionador inmejorable de links a artículos, canciones, fotos, lo que sea. También puedes dialogar con personas con las que de otra forma no interactuarías, he conocido fuentes y hasta podría decirse que amigos.

Los medios chilenos descubrieron tarde el fenómeno y lo usan para sacar “noticias” de lo que ahí se dice, reproduciendo twitts de famosillos o una que otra frase polémica. Aún no se han dado cuenta de que ahí -al menos en mi timeline- se habla y debate de todo lo que ellos no publican. El ejemplo más evidente fue el de la termoeléctrica Barrancones, porque la cosa terminó en la calle y se hizo ineludible, pero en twitter están pasando cosas y los medios no las están viendo. Si yo fuera una cazatendencia de temas, ahí es donde miraría.

Pero twitter tiene un problema: está pasando aquí y ahora. Es demasiado rápido y efímero. Hay conversaciones, debates, noticias, pero después de un rato todo es reemplazado por nuevas conversaciones, debates, noticias.

Por eso decidí volver al blog. Recordé que era un buen ejercicio de reflexión, para escribir de lo que quisiera, sin tomarmelo muy en serio. Así es que El Post está de vuelta. A ver si recuerdo como se escribe en más de 140 caracteres.