La mitología periodística cuenta que en una conferencia de prensa alguien -quiero creer que un estudiante en práctica- le preguntó a Aucán Huilcamán a cuánto ascendía la deuda histórica con el pueblo mapuche.

El problema es que durante mucho tiempo se ha actuado como si esa deuda efectivamente fuera cuestión de ceros de más o ceros de menos. Y aún creyendo eso se ha permitido la miseria y lo que se ha gastado, se ha gestionado mal.

Si fuera cuestión de plata el asunto sería más simple de resolver. Hay 34 mapuche que llevan más de 60 días en huelga de hambre y la línea de crédito hace tiempo que está copada. En general me parece que las huelgas de hambre son un arma de presión poco legítima. Poner la vida en juego es como poner una pistola en la sien e iniciar la cuenta regresiva. Suena a extorsión.

Pero trato de entender y entiendo. Es probable que haya delitos de por medio. Casi seguro. Ojalá fuera sólo eso. Acá hay siglos de injusticia que de pronto toman la forma de un gobierno democrático que invoca una ley de la dictadura para que te pudras en la cárcel. Más de cien años, medio bicentenario, según los deseos de la fiscalía. Que además tiene el peso de la prueba a su favor y una corte que avala que te acusen testigos sin rostros. Para qué vamos a hablar de garantías procesales. El peso de la historia graficado en una horrible situación amparada por el “estado de derecho”.

Y en Santiago, en La Moneda, les preocupa que se arruinen los festejos del bicentenario. Ese que celebra la independencia, que nos llevó al camino de la democracia, la justicia y la igualdad. Lindo.

Nunca había visto una fiesta más mustia. Pasamos de la angustia de los mineros enterrados porque un par de empresarios prefirieron aumentar sus márgenes que invertir en seguridad, a los mapuche al borde de la muerte. Para qué hablar del millonario supermercadista que hizo el amague de abrir sus tiendas de corrido durante 58 horas para no perder ni un céntimo del negocio de fiestas patrias. O de los que abogan por el derecho de los chilenos de ir a pasear al mall. Lindo tu bicentenario.

Si no es por todos ellos no nos enteramos de los abusos laborales o del polvorín que se vive en el sur. De lo feos que somos al final.

Ahí es donde la cosa me toca más de cerca. Porque soy periodista, me gusta ser periodista, y no hay nada más frustrante que las líneas editoriales de los medios masivos. El editor que te dice que lo importante son los poderosos, “las lucas”, los Luksic, los Angelini y los Matte. La cara linda eso sí, ni se te ocurra reportear las condiciones laborales de sus empresas. Si lo que importa es la gente bonita. Si la foto no es del National Geographic el mapuche no te califica para el papel couché y para el diario sólo si hablamos de pobreza, de violencia, u otras cosas feas. Lo mismo del obrero, del minero.

Así es el mercado y ahí uno juega como puede, pero confieso que cuando me he pillado actuando naturalmente de alguna forma cercana a eso he sentido vergüenza. El problema es que esto no es personal. La gente se informa por los medios. Sin ellos no existen los mineros, no existen los mapuche. Internet y las redes sociales en algo ayudan, pero no nos engañemos, aún no llegan a todos.

Entonces se siente la indignación del bicentenario. Esa que aflora cuando las cosas no se pueden ocultar. De pronto están ahí y todos las vemos. Y no es lindo como nos quieren hace creer.