El miércoles de la semana pasada encontré en la página web del New York Times un excelente reportaje sobre Scott Ritter, el ex inspector de la ONU que insistió que en Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva y que terminó preso por contactar menores de edad por chat con intenciones sexuales. El reportaje estaba en la sección de la revista que aparece todos los sábados. ¿Cómo se me había pasado?

Apenas llegué a Nueva York me suscribí al NYTimes los fines de semana, para poder tener el placer de leerlo en papel mientras tomo desayuno y por internet de lunes a viernes. También me suscribí a The New Yorker y al Economist. Lo sé, es un vicio y deformación profesional, pero disfruto tenerlos en papel cada semana y además es barato. El problema es que con tanto estudio, nunca alcanzo a leerlos es profundidad y es un poco frustrante. Por eso pensé que el reportaje de Ritter se me había pasado y me dio rabia porque ya había tirado la revista al reciclaje.

El sábado siguiente, cuando abrí el diario, me di cuenta de que traía el reportaje sobre Ritter. El NYTimes había decidido publicar tres días antes en internet la edición que saldría el sábado en papel. De la misma forma, cada tarde de sábado publican online la edición digital del domingo. Quizás sea demasiado romántica, pero el NYTimes me está matando el placer de leer el diario en papel.

Y no es el único que lo hace. El Economist sube el jueves la información que al día siguiente me llegará en forma de revista. Y el New Yorker, si bien es más recatado, muchas veces empieza a publicar el viernes las cosas que a mí me llegarán por correo postal recién el lunes o martes. Admito que por ser periodista estoy más expuesta a las noticias y aunque me proponga no meterme a los sitios web para no leer antes las cosas, es inevitable que los reportajes intersantes me lleguen a través de links en las redes sociales. Supongo que no soy la única, ahora que con los dispositivos móviles la gente vive hiperconectada.

Yo entiendo que los medios están buscando nuevas formas para sobrevivir por la caida de las ventas y que sea cual sea la salida, el rol de las ediciones digitales es clave. Sin embargo, la publicidad del papel sigue siendo el puntal del negocio porque las ediciones web no tienen ingresos para sostener una máquina de periodistas que permita tener un periódico de la calidad del NYTimes. Si bien el paywall ha mejorado las perspectivas del negocio en internet, el NYTimes sabe que las ediciones de fines de semana son clave. De hecho, suscribirse para recibir el diario el fin de semana cuesta más barato que suscribirse para leerlo en internet todos los días, pero si uno se suscribe el fin de semana, le dan además el acceso a internet. Por eso lo usan como gancho para mantener vivo el tiraje de la edición dominical (y así mantener el avisaje), como bien explica Ken Doctor de Newsonomics.

Soy de las que se niega a creer que el papel desaparecerá. Contra muchos pronósticos, quiero creer que lo análogo podrá convivir con lo digital, al menos en los medios emblemáticos, como NYTimes, el New Yorker o el Economist. Ojalá entiendan que sus productos premium, como el diario de fin de semana o el material de sus revistas impresas, no contienen noticias de última hora y no hay urgencia en subir la información a su página web. Si lo hacen, van a perder a los cada vez menos lectores fieles, que aún disfrutamos con la experiencia de leer los medios en papel.